viernes, 26 de febrero de 2016

Blade Runner

Conócete a tí mismo. Esta es una de las grandes tareas del ser humano, y no sólo porque lo dijera Sócrates, entre otros, hace ya unos cuantos años. Una tarea para toda una vida también para Rick Deckard en una sociedad llena de incertidumbre, de humanos y de replicantes, máquinas creadas por el hombre.
Máquinas que, a la larga, se rebelan y deben ser eliminadas: ellas, más fuertes, más ágiles, más inteligentes. Nosotros, más empáticos. Son los sentimientos los que nos salvan, los que jamás serán alcanzables para las máquinas. Estamos de nuevo en medio de la película, con la eterna pregunta: ¿qué es el hombre? O de un modo más personal: ¿quién soy yo? Una pregunta aún más atormentadora cuando se vive rodeado de imitaciones casi perfectas, cuando las utopías negativas asociadas a la ciencia ficción parecen haberse realizado.
Máquinas humanas en un contexto inhumano, en un futuro completamente deshumanizado. Y de fondo una reflexión sobre la conciencia: somos presente con un pasado y orientados hacia un futuro. ¿Qué seríamos entonces si nuestros recuerdos fueran implantados, si no tuviéramos un pasado y, quizás como una consecuencia de lo anterior, tampoco un futuro? Situados fuera del tiempo, o en un tiempo falso dejamos de ser nosotros.La certeza de la muerte les asusta, quieren evitarla a toda costa. Tomar su destino y su vida en sus propias manos, poder decidir, ésta es la secreta aspiración de los replicantes. Sugerir todas estas ideas a través de lo que par algunos es una película de acción tiene un mérito indudable.
A veces el ser humano se persigue a sí mismo. El que quiere saber quién es tiene que hacerlo obligatoriamente. Igual que Rick Deckard. En cierto modo él es un representante de la justicia, de la ley. ¿Hasta dónde se debe perseguir la justicia? ¿Dónde están los límites de los humanos? Qué ocurre cuando los seres humanos dejan de serlo. Esa puede ser hoy una de las claves de Blade runner, quizás insospechada en el día de su rodaje. Ese mundo inhóspito y destartalado, donde vivir en las colinas espaciales es un privilegio de unos pocos, ese mundo donde la vida en la tierra es cada vez más insoportable puede no estar muy lejano del nuestro. En apariencia vivimos un mundo distinto, pero quizás la situación mundial esté llena de replicantes: seres humanos carentes de empatía, de sentimientos. Hombres y máquinas, la propia identidad, el sentido del yo, la función de los sentimientos. Todo ello, en un mundo que se rompe. Eso, entre otras cosas, es lo que podemos encontrar, bajo mi punto de vista, en Blade runner.


SALVADOR INIESTA MARTÍNEZ  1º BACHILLERATO B

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