sábado, 4 de marzo de 2017

RETOS QUE PLANTEAN LAS SOCIEDADES MULTICULTURALES.


Todos tenemos constancia de las sociedades multiculturales y que cada vez surgen más, las vemos más cerca de nosotros o incluso formamos parte de ellas. Es el tema que quiero tratar debido a que hay diferentes puntos de vista respecto a esto. Pero, ¿es realmente una sociedad intercultural aquello a lo que nos referimos? ¿No rechazamos a personas según su cultura? ¿No tendemos a ver al diferente como al “raro”?


Cada vez han surgido más sociedades interculturales, por ejemplo, en España. Sin embargo, es posible que tengamos una idea equivocada de ellas. Estas sociedades son aquellas donde convive gente de diferente cultura, pero sin restricciones ni diferenciación entre culturas, es decir, que todas tengan la misma importancia, sin llegar a destacar unas sobre otras. Esto sería una sociedad realmente intercultural, o por lo menos, lo ideal.
Pero normalmente no es esto lo que ocurre, tendemos a rechazar o menospreciar al diferente, ya sea por miedo a lo desconocido, por sentir que nuestra cultura es superior a las demás o simplemente por indiferencia, es decir, actuando como si no tuviera nada que ver con nosotros. Y esto da lugar a que, en un pueblo o una ciudad, no se integre a la gente de diferente cultura, sino que se creen barrios o edificios específicos para ellos, es decir, que no se les de la misma importancia en la sociedad como se le puede dar a los de la cultura dominante. Esto es algo que decide el presidente del gobierno, el alcalde de cada pueblo o el partido político de turno. Pero, ¿si nosotros los elegimos para que nos representen, es sólo culpa de ellos?
Sinceramente, cada vez hay menos diferenciación y más aceptación por parte de todos, ya que las ideas van cambiando con el paso del tiempo (espero que para mejor) y hay menos racismo. Esto es un paso hacia delante, pero todavía queda un largo camino.
Es evidente que todos conocemos a personas de diferente cultura a la nuestra que viven en el mismo pueblo que nosotros e incluso que convivimos con ellos día a día. Sin embargo, estando todos en el mismo sitio y conviviendo entre todos, cada persona tiene su punto de vista y no todos están a favor (o en contra) de estas sociedades. ¿Por qué ocurre esto?
Bueno, partiendo de la base de que cada persona tiene unos principios y que cada uno tiene un punto de vista diferente, sabemos que hay gente a favor de la integración de y otros en contra. Normalmente aquellas personas que salen de su país es, desgraciadamente, por necesidad, ya que puede ser que sus condiciones de vida no sean las ideales. Esto es algo que tendríamos que tener en cuenta a la hora de convivir con ellos, sabiendo que si nosotros estuviéramos en su lugar nos gustaría que nos trataran como uno más, no como “el diferente”. Es cierto que, dentro del país, esto puede tener sus puntos negativos, por ejemplo, que suban los impuestos, ya que hay que abastecer a mayor número de personas. Eso es algo que la gente tiene en cuenta a la hora de rechazar la integración de diferentes culturas y es coherente. Pero, ¿es ético? ¿A quién le gustaría estar en esa situación?

Por otro lado, ¿qué nos puede aportar el multiculturalismo personalmente, en nuestro desarrollo como personas?

Tenemos que tener en cuenta que esto puede dar lugar a que las culturas no estén tan definidas o que nuestra cultura como tal, vaya perdiendo algunas de sus características. Es decir, que poco a poco se pierda la diferenciación de culturas. Aunque en realidad, ¿esto es un aspecto negativo? Podríamos sacar lo mejor (cada uno desde su punto de vista) de cada cultura y enriquecernos como personas, no cerrar nuestra mente hacia lo desconocido y ser más liberales, en el sentido de llegar a aceptar muchas cosas, lo cual antes veíamos como imposible.
Sin embargo, hay puntos que no vemos muy éticos para integrarlos en nuestra cultura, ya que van en contra de nuestros principios e incluso afectan a la salud de las personas. Por ejemplo, la mutilación genital femenina, más conocida como ablación, se practica en bastantes países de África, en España está prohibido, por lo que hay algunas personas que viajan a sus países para poder realizárselo a sus hijas. ¿Esto es un punto a favor para rechazar el multiculturalismo? Mucha gente puede pensar que sí. Pero también debemos tener en cuenta que cada vez ocurre bastante menos la mutilación genital. ¿Podría ser, en parte, por las sociedades multiculturales? ¿Podríamos estar contribuyendo, en cierta medida, a la eliminación de esta práctica?
Por otro lado, ¿tenemos que diferenciar a qué cultura pertenecemos? Es cierto que normalmente nos identificamos más con una, con la que hemos crecido y la que nos ha ido inculcando nuestro entorno. Pero a medida que vamos creciendo, podemos considerar que no todo es blanco o negro, es decir, que no tienes por qué pertenecer a una cultura u otra, sino que puedes coger lo que más te identifique de cada una. Pero para esto tiene que existir el multiculturalismo, para poder saber con qué te identificas más y no guiarte por lo que se identifican los demás, sino qué está más acertado con tus principios.


Por lo tanto, todo tiene su parte positiva y negativa, como hemos podido ver. Por eso tenemos que tener en cuenta todos los aspectos y ser conscientes que nunca vamos a poder alcanzar la perfección a la hora de organizar una sociedad porque hay cosas que son aceptadas como correctas para unos pero incorrectas para otros. Asique, si poco a poco vamos viendo lo que tenemos por “raro” como solo diferente y lo “diferente” como normal, tendremos una sociedad enriquecida y una sociedad donde lo que importe no sea el color de piel, la religión, las costumbres o el lugar de origen, sino los principios y las ideas por las que se guía cada uno. Donde tener una mente abierta será el primer paso.

ANA GARCÍA LUJÁN. 1ºB

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